C a o t i c T e r r a
The bird of Hermes is my name eating my wings to make me tame.

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Si te dijera que todo está planeado ¿que me dirías?, tal vez que no es cierto y que uno es el dueño de sus jugadas sobre el tablero, puede que sea cierto, puede que no. Demuéstrale al creador que tu eliges quien quieres ser y cómo quieres ser. Adéntrate en estas tierras llenas de magia y fantasía y vive tus más grandes hazañas. Conoce lo que los cuatro reinos tienen para ti y lo que salvaje y peligroso que pueden ser cada uno de ellos. La historia está plagada de baches pero tu, puedes descubrir qué pasó realmente. Que no se te escape nada, viajero.
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Cuentos de antaño

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Cuentos de antaño

Mensaje por El Creador el Sáb Jun 09, 2018 6:51 pm

Relato de la gran madre Ohani sobre Amai y Birú
Cuando la gran madre hablaba, hasta el más anciano de la tribu callaba; su presencia era incluso más potente que la del mismo jefe en la tribu, también era la figura materna ejemplar, la madre de todos, y la mujer de la última palabra, pues su sabiduría era tan antigua como la misma Eride y tan grande como el mismo Amai.

A veces, al caer el sol, Ohani convocaba a los infantes de la tribu alrededor de una fogata en el centro del lugar y estos corrían hacia ella como si de un juego se tratara. En parte lo era para ellos; pero esa reunión tenía un significado aún más profundo ya que se trataba de una purificación espiritual, algo místico que solo aquella mujer de aspecto maternal y veterano, era capaz de hacer.

En muy poco tiempo, fueran cuales fuesen las condiciones, tanto niños como adultos se encontraban reunidos alrededor de aquella gran pila de fuego. El jefe de la tribu se sentaba en el suelo junto a su pueblo y todos sin excepción alguna comenzaban a prestar atención.

El silencio se hacía presente...

Cuando de su boca salió la primera palabra, las mentes de todos parecían haberse conectado, llenándose de imágenes.
Lo que hoy voy a contarles es ya bastante viejo para quienes lo conocen, y para quienes no… — dijo mirando los rostros más jóvenes —Desde hoy lo será…

No se escuchaba ni un suspiro, sólo el crepitar de la madera siendo quemada, pero hasta eso era opacado por la voz de la mujer.

Para regular el poder que cernía sobre nuestra tierra, nuestro Dios nos concedió la oportunidad de utilizar estas… — dijo mientras  señalaba la piedra sagrada que colgaba de su cuello, iluminada de un verde resplandeciente hermoso que parecía atrayente con solo mirarla.

Sin embargo, hubo un tiempo en el que no teníamos que utilizarlas porque éramos uno con Eride y ella era una con nosotros; aunque no siempre fuimos… solo nosotros — La anciana comenzó a moverse alrededor del fuego, pero su voz llegaba hasta lo más recóndito de los rincones de aquel lugar, todos estaban inmersos en lo que relataba y ninguno se atrevía a desviar la mirada de ella y del suave arrullo del fuego.

Hubo un tiempo, en el que Eride estaba completa. En el que nuestro Dios no estaba solo…
Y entonces, el fuego ardió intensamente desprendiéndose en pequeñas llamas que ascendieron hacia el firmamento y volaron sobre las cabezas de cada uno de los allí reunidos; una figura hecha de fuego semejante a la de ellos terminó por colocarse sobre la pira, grande e imponente, tanto que algunos de los más jóvenes comenzaron a temblar de la fascinación.

Nuestro gran Creador; de su interior creo a Amai, pero también creo a alguien más; su nombre era Birú, hermanos gemelos quienes crearon nuestra Eride.

De la nada una gran esfera sobrevoló sus cabezas, pero este fuego que había salido por igual de la pira ya no era rojo ardiente como hacía solo unos momentos si no una mezcla de verde y azul que giraba y giraba sin fin.

Él y su hermana eran inseparables, Amai no podía estar ni un momento sin ella, pero aunque ella no lo necesitaba tanto a él, el cariño que le tenía era incomparable, pues ninguno de los otros dioses de color habían nacido con un hermano gemelo. Cuando los dos entrelazaron sus manos, la energía flotó en Eride, las aguas chocaron con la tierra y la vida brotó, llenando con resplandor y asombro cada paraje, cada mirada, cada rincón

Y en cuanto dijo aquello, de los ojos de la anciana comenzó a desprenderse un resplandor que, aunque un tanto aterrador, también maravillaba a los más infantes y adultos a pesar de haber visto tantas veces aquel espectáculo.
Extendió sus manos con las palmas abiertas hacia el fuego, había comenzado a realizar una serie de pasos alrededor de aquel faro de luz, que daba la impresión de verla danzar, y al moverse, las figuras que antes habían aparecido, aquel hombre y la esfera ya no estaban.

De Ohani provino entonces un sonido, era el choque de colgantes en sus tobillos, muñecas y cuello procreando una melodía rítmica, su piel comenzó a resplandecer lentamente, y mientras, paso tras paso, avanzaba dejando sus huellas alrededor de aquella fogata, cada uno de los allí presentes también brillaba, con grabados de espirales en su piel y rayas que brillaban de una manera en la que cualquiera que no fuera parte de aquel lugar quedaría maravillado ante tanta belleza.

La silueta de la mujer al moverse incluso la hacía parecer más joven, y sin darse cuenta; tanto infantes como veteranos, todos allí movían sus cuerpos al son de aquel dulce y suave tintinear, como atraídos, hipnotizados, marcando un suave movimiento circular con el paso de la aparente anciana. Entonces está hizo un gesto como si arrebatara algo al viento y las antorchas se apagaron quedando solo las luces que emitían sus cuerpos. La mujer se detuvo entonces justo enfrente de la fogata y extendió sus dos manos frente a su pecho como si acabara de tomar agua de un riachuelo, el ambiente se volvió misterioso y aterrador, pero eso desapareció por un momento en el que; de las manos de la mujer comenzó a brotar un resplandor intenso de color azul, como si de agua se tratara, el color se desbordó de sus manos como si no pudiera sostenerlo y floto hacia el cielo tomando diferentes formas: habían seres mitad humanos mitad pez y animales que solo se verían estando océano adentro.

Sin embargo, tan rápido como comenzó aquel espectáculo fue decayendo, aquellas criaturas nunca antes vistas tomaron rostros deformes y gritos desesperados llenaron el ambiente, la piel de los habitantes se erizó por completo y su color verdoso comenzó a brillar de una manera más potente
Pero nuestro Amai solo veía por si mismo sin ver lo que lentamente le hacía a su hermana y su mundo — dijo con una voz temblorosa como si estuviera a punto de quebrarse en llanto y nuevamente de sus manos surgió una gran figura femenina, de expresiones preocupadas y cuerpo débil.  

Tan pronto como esta apareció; el color azul resplandeciente de aquel brillo que subía al cielo se tornó de un color asqueroso que solo se verían en las ciudades humanas, no era necesario ser un genio para darse cuenta de que estaba muriendo mientras que su hermano se regocijaba en la gloria de su mundo con una vitalidad que lo cegaba.

Las ilusiones de la anciana ahora eran espantosas, todo comenzaba a caer en pedazos para luego solo desaparecer y los gritos se hacían más fuertes, las figuras que antes parecían rebosar de vitalidad en los dos mundos ahora eran espectros sin vida con orbes negros
Birú, la gemela azul sabía que si ella moría, su hermano lo haría también y por consiguiente, todos sus hijos  —
En aquel momento se vio la silueta femenina reunirse con su pueblo enfermo sobre aquel resplandor de colores tenebrosos, que hacía llorar a los más infantes, aunque estos lo oprimían.

En un intento desesperado, la diosa llamó a su padre y le pidió un favor frente a su pueblo; pidió que quitara la soberbia y la avaricia de su hermano frente a las cosas preciosas aun si ella no podía ser salvada al final  —
Su padre con cariño acarició su mejilla, secó las lágrimas que caían por estas y al mirarla con dulzura la hizo caer en un sueño profundo. Su pueblo la llevó entonces a lo más profundo de su reino y allí construyeron para ella un hermoso sitio para su descanso, custodiado por las más feroces bestias del reino.  

Al entrar en aquel letargo, las fuerzas de Amai se mermaron y lo que había estado evitando Birú por tanto tiempo no tuvo más remedio que propagarse, la enfermedad se cirnió en las tierras de su hermano y todo se volvió negro, ya no olía más a tierra mojada, no cantaban los pájaros y su gente vivía constantemente enferma. El segundo hijo del creador cayó sobre su propia tierra y justo antes de derramar la primera lágrima, su padre se presentó ante él posando su mano en el hombro de este.

Levántate… hijo mío… — le dijo; en su voz se notaba tristeza y en su rostro simplemente dolor — Lo siento padre, Birú… ella — decía ya sin poder contener las lágrimas que caían sobre la tierra limpiando el color negro y haciendo que florecieran pequeñas ramas de retoños nuevos. Tarde estaba dándose cuenta del mal que causaba.

Lo sé mi niño ella ahora duerme siendo cuidada por su pueblo, tú sabes lo que debes hacer… — dijo el creador mientras que levantaba a su hijo entre brazos —No puedo moverme padre y mi ceguera se ha hecho permanente — dijo él y no mentía, sus piernas no funcionaban y sus ojos no podían mostrarle que, a cada paso que daba su padre, la tierra rejuvenecía y a cada lagrima que salía de sus ojos un árbol nuevo brotaba.

El creador no volvió a transmitir ni una palabra entonces— decía la mujer mientras que la figura de fuego que representaba al dios supremo cargaba a su hijo, la imagen cambió de nuevo, dando a entender que su padre lo depositaba en el suelo y su pequeño pronto se convertía en un gran árbol que casi tocaba el cielo, lleno de luces esparcía luz y vida a su alrededor. De la tierra crecían cristales preciosos y el gran creador simplemente desaparecía.

Cuando el creador desapareció, los dos primeros portales fueron creados; estos conectaban a los reinos gemelos internamente, pues a pesar de que la hermana azul dormía, cada década mandaba a su pueblo a restaurar las aguas de su hermano; así, uno necesitaba del otro para poder seguir viviendo

Todas las luces se apagaron en cuanto Ohani dejó de hablar y los cuerpos del pueblo dejaron de brillar. El relato había terminado.
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Re: Cuentos de antaño

Mensaje por El Creador el Mar Jul 31, 2018 11:33 pm

La Guerra Blanca
Durante la creación, Cefrit el dios de color blanco y el primer hijo fue el primero en levantar los cimientos de una civilización que más tarde lo adoraría, aunque hoy se conoce como “el reino de los cielos” y se cree que es sagrado pisar su suelo, incluso que son bendecidos los que son capaces de poner un pie en él; este mágico reino aparentemente apacible no siempre estuvo oculto.
La energía que aquí fluía en sus inicios era pura y limpia, sin embargo, para Crefrit aun habiendo sido padre de ángeles sentía que su mundo estaba vacío y sin vida. El dios blanco veía desde el plano etéreo que sus hermanos comenzaron a poblar sin vacilar aquel mundo como su padre les había dicho y poco a poco, se convenció de que solo él no tenía la gracia de sus hermanos menores y que ellos tenían más color y vida de lo que él jamás había sido capaz de dar así que, buscando una solución a su problema, rápidamente decidió que lo mejor era ser llenado con esos colores.

La envidia y el orgullo comenzaron a crecer dentro de él cuando su mundo al fin estuvo mezclado con el de sus hermanos pero esto no le fue suficiente, no era lo suficientemente bello, no había suficiente poder, eso era lo que pensaba mientras que sus ansias de poder y belleza crecían.
Su reino se expandió y creció bien en poco tiempo a tal punto en el que podías ver a un ángel o un unicornio en cualquier parte de los cuatro reinos sin ser acosado.

De vez en cuanto los cuatro dioses tenían reuniones en el plano etéreo y desde el principio, sus hermanos notaban que Cefrit cambiaba y se distanciaba cada vez más de ellos, sobre todo de los gemelos verde y azul, excepto de Mikhal.
Mikhal era el más cercano al dios blanco a pesar de ser el hermano menor, se pasaba los días en los dominios de Cefrit y era lo suficientemente persuasivo como para convencerlo de que bajaran al plano terrenal a mezclarse entre sus hijos cada vez que se aburría; el dios de color blanco aceptaba la oferta siempre de mala gana incluso cuando se divertía al final del día por la compañía de su hermano rojo.

Pero poco a poco Cefrit fue perdiendo el gusto por los juegos de con hermano, los cuales consistían en mujeres y pequeños giros que cambiaban dramáticamente el destino de los mortales. Esto claramente podría recordar a un hermano mayor jugando con el pequeño de la familia, aunque Mikhal de verdad tenía apego y adoración por su hermano mayor... lejos de los juegos estaba con él por que lo admiraba, siempre le decía que tenía un color hermoso y que, lo que había hecho allí era más que digno de elogio.

Pero las palabras nunca bastaron para Cefrit.

Si bien, de los cuatro dioses Mikhal es el menor, podríamos decir que es el más inexperto e ingenuo pero, ¿por que se dice esto?, por que el dios rojo jamás fue capaz de ver en lo que su hermano mayor se estaba convirtiendo, no pudo preveer que Cefrit codiciaba su color así como su reino, ¿por ser ingenuo, inexperto? o tal vez por que lo amaba tanto que estaba tan ciego como para ver su naturaleza.

Pyrkagía por su parte, era un paraíso de tierras rojas abastecida con colores refrescantes, bosques tupidos llenos de magia que hasta hoy se alimentan de la primera llama que salió de la mano de su dios, la cual dejó justo en el centro de sus tierras para proveer de cobijo a los seres que comenzaron a habitarla, proveyendo luz allí donde el sol no llegaba cuando el miedo se cernía sobre sus habitantes.

Este fuego desde el primer momento en el que Cefrit puso los ojos en él, lo codició pensando vanamente que si lo tenía en su poder Aorúm sería incluso más esplendoroso de lo que ya era, por desgracia sin darse cuenta de que estaba ya tan lleno de color que su reino era el más armónico y pacifico de todos.
“Eres como este pajarillo, hijo mio… es diferente por solo tener un color, pero también es único por ello, recuerda que el blanco es el color que puede ser llenado con otros en armonía… sin embargo… prueba todos los colores y el negro llenará tus alas” fueron las primeras palabras que le dijo su padre justo antes de la creación. Pero estaba claro que Cefrit no entendía eso, estaba cegado y absorto en su objetivo, sin importar el daño que pudiera provocar.

No vaciló a la hora de tomar su decisión, Mikhal caería primero y pronto, Birú y Amai también.

Mikhal por su parte confiaba en su hermano mayor ya que era su ejemplo a seguir y por esto, decidió invitarlo por primera vez a su reino; quería mostrarle que tanto había crecido y todo lo que había podido dar.
Como les era costumbre, los dos tomaron un cuerpo mortal y siendo acogidos por el en ese entonces rey de Chatna, ni siquiera se dudó en recibirlos con una enorme fiesta que abarcaba todo el reino, se sabía que eran los dioses y que se debía tener cuidado. Llegaron ofrendas de todas partes de Pyrkagía, comida y bebida, regalos mortales y adoraciones así como rezos, toda la atención estaba en ellos.

Hermano, ¿no has notado algo diferente en Amai últimamente? — comenzó a hablar el dios menor en un momento de seriedad entre risas y mujeres, tomó un sorbo del vino que era servido en la mesa  — Esos dos se están matando en uno al otro — dijo Cefrit, seco y frío mientras que ocultaba detrás de aquella copa dorada una sonrisa ladina — Yo lo he sentido así… pero ¿como puedes ser capaz de matar a un dios? — dijo Mikhal, su voz denotaba melancolía — ¿Pero es verdad, no es así?, si continúan Amai dañara los oceanos y todos nos veremos afectados —Cefrit decía la verdad, pero su tono no era el apropiado para ello y eso a Mikhal lo irritaba, pero decidió solo ignorarlo.

Claro que no se podía saber lo que pasaba exactamente por la mente del dios blanco en ese instante, sus ansias de poder eran grandes y el color verde y azul solo serían los siguientes en la lista una vez tuviera en la palma de su mano a Mikhal, sin embargo, el admitía que la belleza del reino de su hermano menor le encantaba y también admitía para si mismo que era muy tonto al confiar en él ciegamente.

Cinco días y cinco noches fueron las que estuvieron bebiendo y comiendo rodeados de mujeres mortales, cinco días y cinco noches fueron el tiempo necesario para que Mikhal se “volviera mortal”. ¿Cómo?, tal vez hayas oído hablar de la flor de fuego, aquella misteriosa planta que sirve para “atar o encerrar” energía mágica en un cuerpo. Se dice que aquella misma flor fue vertida como tónico en el licor del hermano menor.
Cefrit no era tonto, sabía perfectamente que si asesinaba a su hermano también su reino caería y que si provocaba una batalla alguno de los dos terminaría muriendo de modo que eso era algo que definitivamente no era parte del plan. Fue por ello que usó el tónico incoloro e insípido, si lo daba a su hermano este no podría escapar del cuerpo mortal en el que estaba.

Después de los cinco días, el dios blanco estuvo seguro para proceder.
Es tiempo de regresar a mis tierras hermano — dijo Cefrit.
Tienes razón, déjame escoltarte el plano etéreo — dijo el menor animado a acompañar un poco más a su hermano sin embargo, cuando Mikhal estuvo dispuesto a abandonar el cuerpo mortal simplemente no pudo, miró a su hermano entonces como si buscara una respuesta, pero lo único que encontró en este fue un rostro de satisfacción y una sonrisa que rayaba en lo grotesco, Cefrit ya estaba en el plano etéreo pero a pesar de todo Mikhal fue perfectamente capaz de escuchar las palabras que le dedicaba su cariñoso hermano mayor.

“No volverás a tomar forma divina hasta que hayan pasado cien vidas en tu cuerpo mortal y no enfermarás ni podrás ser herido por otros mortales; esa es mi maldición para ti”

Estaba dicho, Mikhal había sido condenado dentro de un cuerpo que no podía ser herido.
Un alarido salió de la boca del dios encerrado y la quinta noche se convirtió en el comienzo de la devastación pues, para el reino de tierras rojas si su dios no volvía a pisar sobre el plano etéreo la vitalidad de este comenzaría a mermar, aunque eso estaba claro que Cefrit no lo sabía. EL cual ´por su parte regresó a Aorúm y por mandato divino ordenó al rey de la entonces única ciudad (Civit) preparar tropas de invasión pues “los demonios habían robado la esencia del Viflahem blanco”.

Esto solo fue la gota que llenó el vaso, ya que el dios blanco hizo desaparecer de verdad la esencia de aquel lugar sagrado modificandolo para que este tuviera que tomar la energía de otros seres vivos en lugar de solo darla.

Este fue el comienzo de la llamada “Guerra blanca”.
Cuando la orden de Cefrit fue dada la toma de territorios comenzó a tener lugar, empezando por pueblos donde no había un régimen fuerte, los ángeles comenzaron a invadir las fronteras de la tierra roja, pero Mikhal no esperó a que su hermano cambiara de opinión; llevado por la venganza, el color más joven preparó todo en su reino y decidió que si no podía matar a su hermano, acabaría con toda su civilización justo como él estaba haciendo con la suya.

"Ojo por ojo, diente por diente"

El enfrentamiento tuvo lugar en el reino rojo, justo en Quisre, cuando el ejercito de Cefrit ya había avanzado lo suficiente como para llegar a “la capital”, ese día el cielo se oscureció de forma repentina y el sol que brillaba intensamente en el cielo fue tapado. Las tropas de ángeles de Aorùm se lanzaron en picada sobre el ejercito del dios rojo, la infantería atacó por los dos lados y la batalla ocupó entonces tanto cielo como tierra, el olor a sangre fue susceptible al cabo de varios días a muchos kilometros de allí, atrayendo carroñeros y demás, y el suelo estuvo cubierto de carmesí.
Poco a poco, Pyrkagia a los ojos de Mikhal pareció un océano de almas en pena. El dios rojo exhaló para su pueblo una pequeña gota de esperanza, trayendo de regreso a aquellos ángeles que estaban a punto de cruzar el umbral de la muerte a manos de su pueblo: al “resucitar” estos ángeles se convirtieron en lo que hoy se conoce como “ángeles caídos”, estos al resucitar tenían en su mente los recuerdos del dios encerrado y lo que pareció perdido en ese momento se convirtió en la carta de triunfo de las tierras rojas.

Desesperado por la ventaja de su hermano, Cefrit se presentó en el plano terrenal; era la primera vez desde la creación en la que un dios se presentaba ante mortales con su forma original y por supuesto, El Creador había prohibido tal hazaña.

El campo de batalla ahora presenciaba una enorme figura de color blanco y debido a ello, ni los dos dioses ni los participantes de aquella guerra eran conscientes de que estaban siendo observados, escrutados con cada acción y palabra hasta que llegó el momento oportuno.
Yamir, un miembro de la cámara de los seis sabios era quien observaba y, previniendo lo que sucedería a continuación, su voz viajó como viento hasta los odios del Creador.

El cual no tardó en hacer acto de presencia.

Cuando Cefrit se disponía a atacar el cuerpo de su hermano y Mikhal arremetía contra él, su padre se interpuso entre sus dos cuerpos, en menos de un segundo el tiempo pareció distorsionarse, parándose en la tierra de los mortales permitiendo que los tres entraran en el plano etéreo, el cuerpo mortal del dios menor no pudo soportarlo y quedo inconsciente, aunque ciertamente no era necesario allí, pues aquella discusión se llevaría a cabo entre hijo mayor y padre.

“No volverás a tomar forma divina…"

comenzó.

"Hasta que la vida misma muera y recibas el perdón de tus hermanos y de las almas que tomaste con tus propias manos”


Estaba hecho y el cuerpo mortal que Cefrit usaba fue el recipiente.
En ese mismo momento, los dioses rojo y blanco fueron devueltos a sus tierras, al igual que las tropas de cada uno, era como si todo aquello jamás hubiera pasado.
Sin embargo aquello no terminaría ahí, pues a pesar de que la zona fue limpiada, fue entonces cuando el Creador creó aquellos portales, uno para Aorum que conduciría solo a Eride y multiples de ellos para Pyrkagía, pues el gran Creador pensó que así protegería a su hijo menor.

Su padre estaba furioso con ellos por ver tal destrucción llevada en masa al mundo que les había dado, pero no podía culparlos, al fin y al cabo eran parte de él mismo.
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